diarios de viajes

Camboya, cruzando el país de la eterna sonrisa
(Cuarta parte)

Angkor:  por las rutas de los reyes
Por Albeiro Rodas

Cuando un visitante llega a Camboya, lo primero que destaca es la sonrisa permanente de sus habitantes. Sonreír tiene un profundo significado para los camboyanos. Es símbolo de armonía interior y de encuentro amable con el entorno social y con la naturaleza. Entre las normas de buena educación que reciben los niños se dice que aquel que se enfada visiblemente tiene graves problemas humanos de madurez. El camboyano no debe mostrar sentimientos que rompan la armonía. Al llegar a Angkor Wat y descubrir la perenne sonrisa en las piedras, se entiende qué significa la frase “la tierra de la eterna sonrisa”. La sonrisa de Camboya es eterna, como la piedra.

Cuenta la historia que Jayavarman II huyó de las cortes de la dinastía Sailendras en Sumatra, que habían invadido Camboya hacia los ocasos del siglo VIII. El joven príncipe, heredero del linaje de Kundinia, volvió a su suelo patrio acompañado de fieles guerreros que garantizaron su seguridad. Fue en Monte Kulen donde realizó el gesto que fundaría uno de los más extraordinarios imperios del Lejano Oriente. Jayarvarman II se declaró allí rey de toda la tierra y dios emparentado con Visnu, la divinidad hindú de los seis brazos. Las historias y aventuras del primer rey de Angkor fueron narradas 200 años después en las primeras inscripciones de los nacientes montes-templos.

La ruta que el rey siguió desde el sur de Camboya, después de huir de Indonesia, llega a la región septentrional del Lago Sap (Tonlé Sap). Esa ruta sería la misma que recorrería su descendiente, el rey Ponhea Yat en 1432, pero en sentido contrario, para dar por terminada la gloria de Angkor y establecer un nuevo centro: Phnom Penh.

Recorrimos la ruta de los reyes desde Sihanoukville, al sur de Camboya y a las orillas del mar que vio la llegada de los inmigrantes de India durante el siglo I y que darían forma a la identidad jemer. El viaje en coche se estira tres horas entre Sihanoukville y Phnom Penh. En la capital se cruza el río Basac, nacido de la confluencia de aguas entre el Mekong y el Sap. Un puente llamado de la “Fraternidad Camboyana-Japonesa” - o simplemente el “puente japonés” (spiem chupón) -, da comienzo a la vía norte. Cuatro horas más por una carretera en condiciones aceptables y a través del territorio de la provincia de Kompung Cham y Kompung Thom. En esta última nos detenemos para tomar una fotografía de Preik Svav, la aldea pesquera en donde nació Pol Pot en 1928, el máximo líder de los jemeres rojos y uno de los principales responsable de la desaparición de 1.5 millones de camboyanos entre 1975 y 1979. La simplicidad del lugar, que se encuentra muy cerca del centro de la cabecera provincial, invita a reflexionar en las ironías de la historia. No existe ningún lugar que indique la que fuera la casa donde nació la persona que más influenciaría en la historia de su país durante la segunda mitad del siglo XX.

 

Siem Riep, la ciudad de los extranjeros

Continuamos el viaje hacia la provincia de Siem Riep. La palabra “Siem Riep” significa “la derrota de los siameses”, es decir, de los tailandeses, en lo que recuerda una de las innumerables batallas entre ambos pueblos en la cual los camboyanos salieron victoriosos. Siem Riep es una ciudad con una apariencia completamente adaptada para el turismo internacional. Los hoteles se disputan entre diseños ricos en ornamentos orientales y jemeres a verdaderos edificios de estilo francés. No faltan los restaurantes de comidas internacional, como el restaurante chino y japonés, que disputan la clientela con el restaurante italiano y las hamburguesas con patatas fritas. Una ciudad en donde el extranjero no es extranjero y en donde los jóvenes camboyanos hablan un buen inglés acostumbrados a vender cosas a los turistas occidentales. Siem Riep parece más una ciudad de extranjeros, con gente de todo el mundo que va y viene en los célebres tuk tuk. Todas las cosas tienen los precios de Europa, lo que atrae a los camboyanos que vienen de donde los productos tienen los precios de Camboya.

La ciudad tiene una población de cerca de 100 mil habitantes mal contados, ya que existe una población flotante que se distribuye en la siempre afluencia de turistas nacionales y extranjeros y jóvenes camboyanos que vienen de otras regiones del país a trabajar en sectores como las cadenas hoteleras, restaurantes, transporte, turismo, en el complejo arqueológico y otros. Algunas calles son un auténtico rincón para la bohemia, con bares y discotecas en donde se encuentra música de diferentes regiones del mundo y en donde no es raro escuchar un tango, una salsa, un Julio Iglesias nostálgico o una ranchera que se estrella contra los paisajes orientales del Lago Sap. Los edificios medio franceses terminan todos en aristas chinescas y los ventanales de los mil y un hoteles se adornan con flores de colores entre naturales y plásticos. Una ciudad hecha para descansar y olvidarse de las fatigas, especialmente en las noches después de recorrer los senderos de la ciudad sagrada y antigua.

 

Complejo arqueológico

El complejo arqueológico de Angkor está administrado por Apasará Authority, un organismo semioficial que cuenta con ayuda internacional y que tiene como objetivo la protección, promoción y desarrollo del lugar. La entrada a Angkor Wat es completamente gratis para los camboyanos, no es así para los extranjeros, que deben pagar 20 dólares diarios, incluidos aquellos que trabajan en el país en Organizaciones No Gubernamentales (ONG) como voluntarios. La no distinción de los extranjeros entre turistas y voluntarios ha causado gran descontento entre aquellos que consideran que su trabajo desinteresado por el desarrollo del país debería tener su compensación al menos en disfrutar del tesoro arqueológico más importante del país.

El complejo arqueológico tiene una extensión total de 200 kilómetros cuadrados, es decir, es más grande de lo que muchos se imaginan, incluso de los que visitan las partes más centrales. Incluso puede ser aún mayor si se tiene en cuenta que parte del territorio incluye regiones de Tailandia septentrional, que estuvo bajo influencia angkoriana. Las UNESCO declaró este año el templo de Preah Vijía, que queda en la frontera con Tailandia, como Patrimonio de la Humanidad, pero el acceso al sitio es difícil desde Camboya y los turistas que lo visitan lo hacen desde Tailandia. Lo que se encuentra en Siem Riep es sólo la parte más central e importante de todo el complejo arqueológico. 

 

Angkor Wat

La imagen internacional más reconocida es la de “Angkor Wat” que significa “Ciudad Templo”. Incluso forma parte de la bandera de Camboya con sus tres torres más visibles en forma de flor de loto. Basta con este sitio para pasar un día si se es amante de la arqueología, de la fotografía o si gusta de admirar los encantos de la creación humana. Las agencias de turismo son expertas en organizar excursiones a los diferentes sitios, de manera que se pueda dar una completa visita a los lugares más destacados. Pero queda la opción de la aventura y la exploración, mucho más atrayente. Si alguno se atreve tenga en cuenta las recomendaciones de uno al que le gusta perderse entre las selvas de árboles milenarios y rocas: lo primero es que los célebres tuk tuk son las mejores agencias de turismo que hay. Ciertamente, se trata de hombres sencillos, con un inglés pobre y muchas sonrisas y que intentarán cobrar más caro los servicios que una agencia de turismo real, pero esto último se puede solucionar contratando un tuk tuk para todo el día, regateando adecuadamente la tarifa debería alcanzar unos 20 dólares. Todos los conductores de tuk tuk conocen los sitios más recónditos del lugar y no se la pasaran dando explicaciones académicas que usted puede encontrar en un buen libro -recuerde que es su aventura-. Otra recomendación, si quiere conocer Angkor de esa manera, es comprar bebidas y comestibles en cualquiera de los supermercados en la ciudad, porque dentro del complejo arqueológico todo resulta más costoso. Las distancias dentro de la zona arqueológica son grandes y recuerde que este es un país tropical con temperaturas que oscilan entre 30 y 32 grados, por lo que cuidarse del sol e hidratarse no está de más.

Angkor Wat está localizada  6 Km. al norte de Siem Riep. Fue construida durante la segunda mitad del siglo XII por el rey Suryavarman II y está dedicada a la divinidad hindú Visnu. Es bueno recordar que el budismo es posterior a Angkor y por lo tanto las imágenes de veneración del Buda son posteriores al siglo XIV e incluso al siglo XVI, como las que encontramos en  la “sala de los budas” con cientos de imágenes que han sido puestas allí en el transcurso de los últimos cinco siglos. Angkor Wat es la más grande de las ruinas y una de las más admiradas, centro de los principales estudios y cuidados. En general es el primer sitio visitado y en donde la gente está la mayor parte del tiempo. Para muchos estudiosos el conjunto pudo ser más bien una gran tumba para los reyes, pero dicha conclusión no ha sido probada y se piensa más en una especie de gran templo hindú que conserva las proporciones de la cosmogonía de dicha religión con diferentes espacios para la meditación y la adoración. Describir todo el monumento requiere un estudio más detallado, pero tratemos de hacer una síntesis vernácula: se trata de un inmenso cuadrilátero perfectamente alineado a los cuatro puntos cardinales y cuyo frontis mira al occidente. Este inmenso cuadrilátero es, con la Gran Muralla China, el único rastro humano que puede ser visible a simple vista desde el espacio exterior. El cuadrilátero no sólo es la construcción en piedra, sino que incluye un campo que está marcado por un canal de agua que rodea el complejo. Ese canal está al centro de la discusión de los científicos y ya los primeros exploradores franceses habían determinado que tenía que ver con el desarrollo considerable de la agricultura jemer de la época. El canal también era centro de juegos acuáticos durante las festividades de la nación en honor del rey y todo el canal está bordeado por las ruinas de lo que eran gradas para cientos de espectadores. Concéntrico se encuentra el templo en sí. Una serie de torres, galerías, salones, patios, todo se orienta hacia un centro que se hace cada vez más elevado. Sobre las torres hay un detalle que pocos notan: se trata de flores de loto, la flor sagrada de las culturas asiáticas, símbolo de meditación y elevación espiritual. En el centro del complejo se encuentra la torre más alta, con una altura de 65 metros. Los escalones para llegar a la terraza superior son bastante empinados, como todos los escalones en Angkor. Sobre estos escalones es necesario que hagamos una anotación, porque son tan empinados que muchas personas que sufren de vértigo desisten de ascender y se pierden de una de las grandes maravillas. Los escalones se suben de manera oblicua y no de frente. Antes de ascender, mire cómo los suben los camboyanos, especialmente los ancianos. En la parte superior de la torre hay cuatro patios que rodean el cono concéntrico. Dentro del cono hay cuatro imágenes de Buda veneradas por los creyentes, pero en principio no era así, el original era una imagen de Visnú que seguramente fue removida con el advenimiento del budismo al país. El cono, al cual no se puede ascender porque no existen más escalones, tiene inscripciones, imágenes y todo un admirable trazado artístico para contemplar. Sentarse en cualquiera de los cuatro patios y descansar invita a la contemplación, que es seguramente el propósito del templo. Allí se encuentran por lo general ancianos astrólogos que predicen el futuro por medio de los ancestrales métodos de Angkor, con unas tablas de bambú escritas en sánscrito o en jemer antiguo. Los ancianos se distinguen porque visten una camisa blanca y un pantalón negro. Con suerte se puede ver algún mono deambulando por el lugar, son amigables con los turistas a la espera de alguna donación banánica. Desde la torre el paisaje es estupendo: se ve la llanura, se ve el gran globo que está como a un kilómetro de distancia al occidente y en donde se suben los turistas para tomar fotos de Angkor Wat -el costo del globo es de 10 dólares-, se ven los bosques tropicales con árboles gigantes y milenarios cuyas raíces parecen manos esqueléticas que se aferran a la tierra negra, se ven canales de agua por doquier y se ve la inmensidad del complejo arquitectónico con torres y templos que sobresalen entre las selvas camboyanas.

 

 

Angkor Thom

El nombre significa “El Gran Templo” y se encuentra a 1,7 Km. al norte de Angkor Wat. Es creación del rey Jayavarman VII hacia fines del siglo XII y fue uno de los más poderosas capitales del Imperio Jemer. Llegó a ser en su tiempo una ciudad más grande que cualquier ciudad europea y se calcula que albergó una población cercana al millón de habitantes. Es posible ver en su interior las edificaciones que fueron la residencia de los reyes, nobles y altos militares, al menos dentro de las murallas para ese propósito, porque las edificaciones originales desparecieron pues eran construidas de madera. La población vivía por fuera de las murallas, pero todo es deducible de los restos de monumentos en roca que marcaban sitios y estructuras de particular importancia. La religión oficial de la ciudad fue el budismo, a diferencia de Angkor Wat. Entre los lugares más importantes están el Templo de Bayón, la Terraza de los Elefantes, la Terraza del Rey Leproso y el Templo Suor Prat, pero eso es sólo una pequeña lista. La primera crónica histórica que narra la grandeza de Angkor Thom viene de un célebre visitante chino del siglo XII de nombre Zhou Daguan, quien no tuvo que pagar hoteles, arrendar tuk tuks o contratar agencias de turismo, pues fue huésped de honor de la corte. Zhou Daguan quedó tan impresionado con el sitio, y lo describió de tal forma, que en la actualidad es uno de los documentos más importantes para los estudios angkorianos. Aquí dejamos hablar a Daguan, un viajero del siglo XII, de la traducción que hago del libro de Dawn Rooney sobre Angkor:

“Al centro del reino se levanta la Torre de Oro [Bayon] rodeada por más de veinte torres menores y numerosas cámaras de piedra. Al lado oriental está un puente de oro custodiado por dos leones de oro, uno a cada lado, con ocho Budas de oro separados a lo largo de las cámaras de piedra. Al norte de la Torre de Oro se alza la Torre de Bronce [Baphuon], más alta incluso que la Torre de Oro: un verdadero y sorprendente espectáculo, con más de veinte cámaras en su base. Un cuarto de milla más al norte está la residencia del Rey. Se alza por encima de su apartamento otra torre de oro. Estos son los monumentos que han causado que mercaderes de todos los mares hablen siempre de la 'rica y noble Camboya'”.

Las apreciaciones de Zhou Daguan no son exageradas y sus precisiones han permitido la ubicación de numerosas ruinas. Daguan no sólo describió las construcciones, sino la vida cotidiana tanto de los nobles camboyanos del tiempo como del pueblo. Sus crónicas son una fuente inevitable para la antropología, la arqueología y la sociología en referencia con este pueblo tan especial. Por los relatos de Daguan, además de las numerosas inscripciones, se sabe que los camboyanos siempre han comido arroz desde el principio de los tiempos, que siempre han celebrado el festival del agua, que siempre han vivido en casas de madera alzadas por cuatro vigas porque siempre han dicho que la roca fue hecha para los dioses y la madera para los hombres, siempre han pescado, siempre han tenido bueyes de agua, siempre han venerado a los ancestros y siempre han recibido a los extranjeros como quien recibe a un primo lejano que llega a la casa a visitarnos, es decir, sonriendo y con amabilidad.

En Bayón, por ejemplo, a uno no le quedan más ganas que sonreír. Las piedras sonríen y a veces el viento que se pasa de los bosques a las rocas te hace el juego maravilloso de escuchar las risas que se han quedado grabadas por el paso de siglos. Basta pararse en medio de las galerías y te sientes mirado por los ojos inmensos del rey perpetuado en cientos de rocas con su sonrisa amplia y amable. Mirar las rocas que ríen y mirar a los camboyanos de hoy no tiene mucha diferencia. La Terraza de los Elefantes me hace recordar que si cualquiera quiere seguir los pasos de Daguan, especialmente aquellos que vienen del occidente del mundo, no deben perderse el paseo en elefante. Estos maravillosos y nobles animales, entre todos los animales de los más inteligentes y hermosos, estarán gustosos de llevaros, como han hecho por milenios en Asia, a través de los encantos misteriosos de Angkor. Una oportunidad para promover la protección de esta especie en vías de extinción y que en Camboya sufrieron terriblemente los efectos de la guerra hasta el punto que desaparecieron de algunas regiones del país. La Terraza de los Elefantes, situada en la Plaza de Angkor Thom, evidencia la gran importancia que tuvieron estos mamíferos en Angkor y seguramente hicieron equipo perfecto en la construcción de tantas maravillas líticas.

 

Perderse en Angkor

A nadie se le recomienda perderse. Es más, todos nos llenamos de guías, mapas, indicaciones, todo lo prevenimos en estos tiempos modernos. Pero hay excepciones. A veces es bueno perderse, entrar por sí mismo a la historia, al misterio y al encanto. Aquí está Angkor, un lugar para perderse, para divagar, para contemplar, para descubrir, para fotografiar. Hace poco se hizo una gran consulta mundial para elegir las nuevas siete maravillas del mundo. Angkor estuvo entre los candidatos y no quedó elegido. Yo no creo en las siete maravillas. En Asia el número siete significa la totalidad de la creación. Ciertamente, desde el punto de vista oriental, Angkor está incluida en las “siete maravillas”, porque no se trata de una suma matemática de uno más uno, sino en la totalidad del ingenio humano que perdura a través del tiempo. ¿Cómo no va a ser una maravilla una cosa que se ve desde el espacio? Una cosa que se acerca a lo que Jorge Luís Borges llamaba el Alep, es decir, el punto por donde pasan todos los puntos del universo. He aquí Angkor, uno de esos Alep borgianos que se ubican en un punto de la tierra. En ese inmenso cuadrilátero de Angkor Wat se resume el cosmos y en el espejo de agua del Lago Sap se recuerda a la creación.

 

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Albeiro Rodas www.pasaportecolombiano.blogspot.com

 

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