Patio del Riad Aya |
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Un Riad es una casa o palacio tradicional marroquí con un patio-jardín alrededor del cual se distribuyen las diferentes estancias y dormitorios. En el jardín central de los riads a menudo hay algunos árboles, naranjos, limoneros o palmeras que sombrean y perfuman el espacio y, también en muchas ocasiones, una fuente que refresca el tórrido ambiente en verano. El jardín es el alma del riad, en él se hace vida, se charla, se descansa, se come… y desde él se llega a las diversas habitaciones, todas asomadas al fresco patio. Este principio de diseño se inspira en las ideas islámicas de la intimidad, y el hiyab para las mujeres.
Callejón en los alrededores del Riad Aya |
Salón abierto al patio del Riad Aya |
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Vistos desde la calle, cualquiera de los centenares de riads que se esconden en los callejones de la medina de Marrakech pasan desapercibidos. Solo una discreta placa en la fachada invita a pensar que tras las recias puertas se esconde un oasis para los sentidos y la relajación. Alojarse en un riad es, para mí, no una alternativa más dentro de la variedad de opciones de alojamiento en esta ciudad, es, simplemente, la única opción que el viajero debe tener en cuenta. Hospedarse en un riad equivale a integrarse en el palpitar de la medina, en el ir y venir de los que en ella viven. Formar parte por unos días de su paisaje urbano, convertirse en un vecino más y dejar de ser un turista de paso. Al cabo de un par de días de entrar y salir por la puerta del riad notas como los vecinos ya no te miran con la curiosidad de ver a un turista perdido y fuera de contexto en un callejón casi anónimo que por no tener, ni siquiera tiene una tienda en la que perder el tiempo comprando cualquier inutilidad fabricada para turistas. En los callejones en los que se esconden la mayoría de riads sólo circulan los vecinos y el único ruido que se oye es el de los murmullos de los ancianos charlando a la puerta de sus casas o, a veces, el trino apagado de una mujer cocinando en las entrañas de su casa.
Terraza del Riad Aya |
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Dentro de la amplísima oferta de riads que tiene Marrakech -no todos están inscritos en el registro oficial-, los hay de todas las categorías y para todos los presupuestos. En todos los barrios y en las más rocambolescas ubicaciones. Algunos de nueva planta, marchamo internacional y tarifas sólo aptas para turistas con VISA platino en la cartera. En el otro extremo del espectro, encontramos lugares de una rusticidad espartana. Son los que venden, como un incentivo, la sencillez de sus aposentos y la gerencia familiar, y en los que la clientela suele viajar con mochila. De ellos existe una inagotable lista esparcidos por toda la geografía de la medina.
Terraza del Riad Aya |
El patio del Riad Aya al atardecer |
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A medio camino entre los riads ampulosos, anodinos, con demasiadas habitaciones y excesivo tráfico de turistas por sus salones y los de categoría más simple y precariamente mantenidos, hay otra extensa lista de alojamientos que sin pretender lujo asiático sí alcanzan el nivel de confort, mantenimiento, decoración y atención al cliente como para ser tenidos muy en cuenta a la hora de buscar un riad en el que encontrar la paz y el sosiego imprescindible, después de deambular toda la jornada por la caótica Marrakech. Optar por uno no es tarea fácil. La búsqueda en Internet, a los pocos minutos de iniciarla, se antoja ciclópea. Es imprescindible leer entre líneas la información que nos dan las páginas de búsqueda de alojamientos, y filtrar las opiniones que dan los supuestos huéspedes satisfechos en estas páginas. Lo primero es saber exactamente qué estamos buscando, cuales son nuestras necesidades y esperanzas, antes de lanzarnos a la búsqueda de nuestro riad ideal. ¿Pretendemos un sosegado y romántico viaje en pareja o una escapada con los amigos a la búsqueda de diversión y juerga sin fin? ¿Vamos a viajar con niños o somos alérgicos al griterío infantil? ¿Planeamos hacer vida en el riad o tan sólo aterrizar en él por la noche y derrengarnos en la cama para reposar los huesos?
Vista nocturna desde la terraza del Riad Aya |
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Según nuestras condiciones o caprichos previos deberemos eliminar, a veces con pesar, aquellos alojamientos en los que en su descripción ponen excesivo énfasis en las facilidades para niños, si es que se viaja en pareja y se pretende una escapada romántica. Hacer otro tanto con los que presumen de piscina en el patio, a no ser que uno pretenda escuchar los aullidos de otros huéspedes desde su habitación y ver mortificada su siesta mientras otros turistas hacen competiciones de saltos de trampolín sin trampolín. A no ser que uno forme parte de ese grupo, la estancia en el riad se convertirá en un calvario. Si se viaja con un grupo de amigos en pleno verano, lo de la piscina en mitad del patio puede resultar un aliciente, un valor añadido para optar por un riad u otro, pero si se pretende un viaje más reposado, la piscina puede acabar siendo la antesala del infierno. La cocina del riad es algo a tener muy en cuenta, máxime si consideramos que por las noches puede que no apetezca demasiado cruzar casi a oscuras media medina para ir a cenar al otro extremo de la ciudad. En fin, no es tarea rápida ni fácil decidir cual de los centenares de opciones es la que nos conviene.
María, el alma del Riad Aya |
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En esta ocasión los que realizamos este monográfico sobre Marrakech acertamos de pleno en la búsqueda de alojamiento. El Riad Aya resultó un verdadero descubrimiento en todos los sentidos. Al final de nuestro viaje por esta mítica ciudad sólo pudimos ponerle un “pero” a nuestro alojamiento… No haber dispuesto de más tiempo de ocio para disfrutar de sus salones, sus terrazas, su patio y, por supuesto, de la hospitalidad de sus empleados.
Vista cenital de la terraza del Riad Aya |
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Visto desde la cenital perspectiva de Google Earth, la ubicación del Riad parece un poco difícil de encontrar. Cuando llegas por primera vez y el taxista te deposita en la esquina de un resquebrajado callejón el alma está a punto de caerte a los pies. Según te vas adentrando en los callejones que conducen hasta la puerta del Riad Aya, vas temiendo que has cometido un gran error al reservar en este lugar. Pero todo cambia cuando traspasas la recia puerta labrada del Riad Aya y te recibe una sonrisa que, a primera vista, ya se te hace familiar. María parece estar en todas partes. Ella ejerce de anfitriona, infatigable conversadora, inmejorable cocinera, incansable bromista: es el alma del Riad. La que te mostrará los recovecos del magnífico lugar, la que te indicará donde encontrar aquello que andas buscando en el rocambolesco laberinto de callejones de la medina, la que te hará sentir, cada minuto que pases en este lugar, como un miembro de una familia nómada de turistas que van y vienen, como los vecinos de las casas cercanas, a sus cosas, a sus paseos, a sus siestas en la terraza o a disfrutar de opíparas cenas alumbradas por candiles en las sombras del patio.
Salón principal del Riad Aya
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El Riad Aya, por más que Google Earth haya tratado de confundirnos, está perfectamente ubicado a apenas diez agradables minutos de paseo de la plaza Jemaa el Fna. El barrio en el que se encuentra linda con los zocos, pero no está inmerso en ellos, de manera que el silencio se hace amo y señor, y el vagabundear errático de los turistas no existe en sus calles. Muy cerca de él se encuentran dos de las arterias que cruzan la Medina, la calle Fátima Zohra y la calle Dar-el-Bacha, cuajadas de tiendas de consumo local, cafeterías en las que los habitantes del barrio dejan pasar las horas y varios restaurantes para turistas de alto poder adquisitivo. Este es un barrio popular absolutamente seguro y tranquilo, aún en las oscuras noches urbanas, cuando parece que las farolas apenas consiguen alumbrarse a sí mismas.
Las ocho habitaciones del Riad Aya, pueden parecer a primera vista un tanto pequeñas, pero la luz que entra a raudales desde el patio, su cuidada decoración, la pulcritud, la imaginativa forma de integrar los muebles, alfombras y tapicerías hacen que, en pocos minutos, uno no sienta en absoluto que necesitaría un par de metros cuadrados extras. La restauración del Riad Aya necesitaría un capítulo aparte. El problema para ello consiste en que el alma mater del Riad, la entrañable María, es una de las mejores cocineras de Marrakech y también una ferviente seguidora de la cocina de mercado, con lo qué cada noche improvisa un delicioso menú en función de aquellos productos alimenticios de los que haya podido encapricharse e inspirarse cuando ha salido al mercado. Por ello prefiero no extenderme en las virtudes de su cocina, no sea que acabe alabando un plato que, tal vez, nunca volverá a cocinar. Ella basa su cocina en el mercado y en la cocina tradicional marrakchí, a partir de ahí improvisa con mano de sabio alquimista, decora la mesa y va sirviendo platos hasta que al llegar los postres, una noche sí y otra también, los afortunados comensales acaban con un cerrado aplauso en cuanto María hace acto de presencia para interesarse por el grado de satisfacción de la ya rendida clientela. Sólo una recomendación a quienes decidan pasar unos días en el Riad Aya. No os dejéis nada en el plato, María -en este sentido- es implacable como una abuela de las de antes.
Habitación Jasmín
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Habitación Muscade |
Habitación Safran |
Habitación Sesame |
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Dar El Aakib, 41 derb toudgha, Dar El Bacha. Marrakech - Marruecos
Telf.: 00.212 (0) 524 38 71 23 - GSM : 00.212 (0) 613 19 86 81
E-mail: contact@riadaya.com
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