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Mongolia
(segunda parte)

Norberto Cuenca

Para los 400 km. de vuelta nos hacían falta otros dos días de camino y a la mañana siguiente tocó comenzar a volver. A esas alturas yo empezaba a estar seriamente cabreado con los mongoles en general por no haberme invitado a nada todavía. Andaba elaborando teorías sobre si la culpa era del tiempo, o nuestra por ponernos en sitios donde van muchos turistas, y derritiéndole el cerebro al pobre Unai que estaba harto de oírme decir que quería tomar el té en una ger! Esa tarde volvimos a pasar por Tserselej y yo insistí en seguir y parar a hacer noche en medio del monte. Un par de horas más tarde, cuando el chofer estaba a punto de volverse loco, paramos en un valle precioso junto a un río limpio, y a la vista de dos grupos de gers!!!. Nada más empezar a instalarnos nos atacaron 3 millones de moscas y similares pero nuestro chofer, que era el maestro de Mc Guiver, se las sabía todas y encendió unos montoncitos de mierda de vaca en lugares estratégicos y las moscas se fueron. Cuando ya teníamos hecho un fuego decente, para variar, nos cayó la tormenta del día.

Llevábamos allí tres horas, lejos de cualquier sitio turístico, nos habíamos hecho notar con fuego, con una tienda fosforita, con fumata de boñigas, nos había llovido y era obvio que no teníamos leña seca.... Y seguía sin venir NADIE! Pero estos mongoles de garrafón!

Como al final descampó del todo, nos hicimos una cena de campeones, unas birrillas fresquitas del río y nos quedamos al fuego haciendo sobremesa hasta que... Toco toc toco toc... Aparece un caballo por el horizonte. Es un chavalín de unos 10 años que viene montando a pelo. Desmonta, ata al caballo, le hago un gesto de venir y ni corto ni perezoso se sienta allí con nosotros sin decir ni "mu". Algo habría que hacer. Saco mi "mongolian phrasebook", que estaba por estrenar, e intento 7 veces un "como te llamas". Aunque el mongol es muy jodido al final me entiende. Respuesta:

-"frujsjfoj" (cualo?)

Después pruebo un: "bonito caballo!" Cuando consigo que me entienda se descojona y me corrige, no es un "fejusih" es un "gtujjseh friljus". Los mongoles tienen 400 palabras para caballo y seguro que no había dado con la buena. Ea!

Intento un "cuantos años tienes?" diecisiete veces. Al final responde otro:

-"frujsjfoj" (lo cualo?)

Recurro al lenguaje universal de los dedos de la mano. No falla: 8 añitos. Parece un poco joven para sacar la botella de vodka Chingis Khan que habíamos previsto a tales efectos. A los Sugus y a la leche de yegua que habíamos comprado al borde del camino parece que no le hace ascos. Al chaval no parecía suponerle ningún problema estar allí sentado sin poder decir nada. Pues venga! Para amenizar el rato empezamos a enseñarle lo que llevábamos encima: una llavero linterna-láser (de acuerdo, una horterada!), una luz de espeleólogo, la guía de Mongolia con fotos... Mientras el niño andaba flipando con todo eso como quien tiene un encuentro en la tercera fase, aparecieron otros dos caballos en el horizonte. Eran los hermanos mayores. Multitud! El pequeño les explica todos sus descubrimientos y repetición de la jugada: otra ronda de phrasebook... Éstos tienen 21 y 23 y tienen una pinta de animales que no pueden con ella. Uno va vestido con el traje tradicional y el otro con una chaqueta vaquera. Como éstos si tienen edad para licores, sacamos el vodka. Yo me había estado leyendo las reglas de cortesía y andaba calentándome la cabeza con sobre: cómo servir con la única taza que teníamos, cuánto servir, cómo les paso el vaso... Después de que se clavasen de un trago el primero decidí que lo mejor era darles la taza y la botella y que se arreglasen. A trago va trago viene se habían metido una botella de vodka a palo seco y caliente en 2 minutos. Yo lo caté y era un verdadero asco. Cinco minutos después empezaron a sonreír un poco más, como era de esperar. Seguimos enseñándoles cosas: que si el calendario de la Real del 97, que si una entrada de discoteca, que si la foto de la familia, que si la lámpara... Y allí estaban ellos, descojonándose con todo. Cuando descubrieron el phrasebook se pusieron como locos. El problema del librito es que se entra con inglés y se encuentra el mongol, pero si intentas lo contrario te lo tienes que leer a tajo hasta que te tropiezas con lo que buscas. Allí estaban ellos, leyendo hoja a hoja y parándose de vez en cuando a señalar con el dedo: "Tienes novia JA JA JA!", "cuántos caballos tienes?" Cómo que ninguno!?!?!?... Etc. Al cabo de un rato nos pidieron sin ningún tipo de reparo más vodka. Debe ser que no es concebible servir una botella y que no haya más, porque se sorprendieron mucho de que no hubiese otras. Lo intentaron con cerveza. -"No nos queda? Queréis agua?" -"Claaaaaro!". Como era agua en botella (una completa excentricidad para gente que vive al lado del río), se la bebieron como quien prueba la coca cola por primera vez. La consecuencia natural fue que al cabo de un rato hubo que empezar a evacuar. Curiosamente sólo daban dos pasos antes de soltarla. A un metro y medio del fuego, daban la espalda y meada de campeón.

Se estaba empezando a hacer tarde y Unai y yo estábamos reventados. Nos levantamos un par de veces a ver si captaban la indirecta pero nada: risas y más risas con el phrasebook. Las palabras que más gracia les hicieron (tipo caca, culo, pedo, pis con 4 años) fue "prostituta" (cómo podía estar esa palabrota escrita en un libro!!??) y una que no comprenderé jamás "cuerpo"!???! Supongo que si les enseñamos un playboy habrían tenido material para fantasías guarras hasta la jubilación.

Cuando ya no podíamos más cogí el librito y les dije un "cansado" "dormir" pero ni caso. Cogieron el libro y siguieron. Optamos por empezar a lavarnos los dientes y cuando andábamos en ello nos llamaron a gritos apuntando con el dedo. ¡¡Llevaban media hora buscando "good night"!!. No podían irse sin dar las buenas noches! Que majos! Como nos iban a sobrar mil cosas que habíamos comprado en previsión de invitaciones, aunque habíamos sido anfitriones, les regalamos una linternilla a cada uno. Y así, más contentos que el tío de los pitos y un poco pedos, se fueron alejando las lucecitas al trote por la pradera.

A la mañana siguiente, intentando hacer el desayuno, nos dimos cuenta que además de la linterna se habían llevado la taza de souvenir. Le preguntamos al chofer pero ni idea. Daba igual. Cuando ya habíamos recogido le preguntamos al chofer si podíamos ir a saludar a los amiguetes de la víspera y a ver si obligándoles, NOS INVITABAN DE UNA PUÑETERA VEZ! No problem. Cuando aterrizamos con el jeep estaban apenas despertándose. Los mozos debían estar durmiendo la resaca porque sólo vimos al pequeño. Sonrisas, habla el chofer, nadie sonríe, seguimos sonriendo, haciéndole gracias a los pequeñajos, siguen hablando en mongol pero sigue estando tensa la cosa. Al cabo de un rato nos dicen que pasemos, nos sientan, siguen serios, nos dan un par de buenos tazones de leche de yegua fermentada (fuerte y amarga), aparecen los hermanos con cara de marrón y de resaca... ¿Que pasa? No entendemos nada. ¿No estarán enfadados los padres porque les diésemos de beber?... Misterio... Al cabo de un rato nos habla el chofer y lo entendemos todo. Resulta que el conductor, incapaz de entender, con razón, qué se nos había perdido a esas horas en casa de la gente, pensaba que estábamos intentando recuperar la taza. Los señores de la casa, por su parte, no andaban muy contentos de que unos marcianos aterrizasen por allí a esas horas a llamarles ladrones... Solución: Taza? Qué taza? A quién le importa la taza?! Todo ha sido un error del chofer que no se ha enterado!! Ja ja , ji ji, qué gracia!, y todo el mundo contento. Otra vez repetición de la jugada: el phrasebook, las fotos de Mongolia, la luz del llavero, un chupito de vodka de leche de yegua fermentada para bajar el desayuno, unas fotos, que bonita tu casa, cuántos caballos tienes, una guarrada de yogur con gusto a vaca, qué hijos más lustrosos, bla, bla y todo solucionado. Cuando ya había un poco de confianza el padre nos enseña la linterna del hijo y dice que él quiere una. Toma, claro! No va a ser más el hijo que el padre! Por supuesto, tenemos como para equipar un ejército. Y nada, con otra ronda de linternas, colores y sugus nos dijimos adiós todos tan contentos.

A partir de ahí el resto del día fue un infierno de carretera horrenda. Por la tarde llegamos a Kharkhorin, que como antigua capital, no merece ni la línea que le estoy dedicando. Un pueblucho la mitad que Tserselej. El supuesto mejor templo del país, que está en las afueras, no tiene nada que ver. Desde luego Mogolia no es un país de monumentos. Una hora después de llegar estábamos de camino al Gobi.

A media tarde teníamos la tienda plantada en la única sombra decente en medio de un mar de dunas. Después de una siestecilla, por fin al sol, fuimos a hacer salto de dunas y croqueting. Mientras decidíamos cual sería la mejor duna para pasar la noche al raso, nos dimos cuenta de que en el horizonte había una especie de muro marrón oscuro que iba desde el suelo del desierto hasta unas nubes muy negras. -"Será una tormenta de arena?", -"Nos dará tiempo a ir al tomar unas cervezas?" -"Traerá agua?" Y discutiendo si eran galgos o podencos al cabo de 10 minutos el muro de arena hizo impacto. Suena a coña pero la escena esa famosa de "la momia" con la arena que se come un avión es lo que mejor describe el momento. De estar en calma total pasamos a estar en un huracán marrón casi sin luz. Entramos en el jeep descojonados porque era lo único que nos faltaba: una tormenta de arena en el desierto después de la lluvia todos los putos días. A los 10 segundos de reírnos vimos pasar al lado del coche el aislante que había bajo la tienda. Coño! 3 segundos después pasó la tienda entera, cargada de mochilas, dando saltos de tres metros. Salimos corriendo en medio de la ventisca a la caza de nuestras pertenencias. Unai atrapó la tienda y yo la arrastré como si fuese una mula hasta el árbol. Después de atarla como pude desmonté la estructura para que no hiciese "vela" y la volví a atar. Con un kilo de arena en cada bolsillo del impermeable nos fuimos al 4x4.

Lo normal habría sido que durase unos minutos, pero después de la arena llegó la tormenta normal. Cuando llevábamos una hora en el coche y la cosa no cambiaba tuvimos que ir a buscar un ger-camp para turistas donde refugiarnos. En esas condiciones nos clavaron bien porque no teníamos una posición cómoda para regatear. Encima, la ger que en teoría debía ser mejor que la primera, era un bodrio y casi sale volando un par de veces a pesar de sus 400 kg. de peso. Un auténtico infierno de viento y agua, en el DESIERTO!!!! Al día siguiente seguía lloviendo y la vuelta a UB fue lo peor. Las pistas de cráteres eran ahora franjas de barro deslizante. Cada pocos kilómetros había algún camión que se había quedado clavado. Nos costó lo suyo pero conseguimos llegar con sólo una pequeña avería. Después de una semanita en el monte la ducha de la pensión tercermundista nos pareció un paraíso. Pudimos despiojarnos y ponernos guapos justo a tiempo para un último sábado noche de cervezas Chingis y música auténticamente ochentera en Ulan Bataar.

El domingo, triste día, toco hacerse a la idea de que al día siguiente se trabajaba y de que nos tendríamos que ir de Mongolia sin ser insistentemente invitados ni aporreados por los mongoles. Seguro que la próxima, con más tiempo, me toca.

 

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