diarios de viajes

Mongolia
(primera parte)

Norberto Cuenca

Mongolia es un país único que no se parece a nada. Tres millones de habitantes (la mitad en 2 ciudades) en una superficie equivalente a tres Españas. Un paisaje uniforme de praderas infinitas sin barreras ni separaciones, ni carreteras, ni infraestructuras… Nada.

El modo de vida de la gente que ocupa estos espacios también es único. Son nómadas que se desplazan a lo largo del año con su casa y su ganado en busca de los mejores pastos . Un universo diferente que merece la pena conocer.

 

 

Últimamente mi vida se esta volviendo muy monótona. Supongo que es un efecto secundario del trabajo. Aún siendo un casi funcionario, de las horas del día que no estoy durmiendo, la mayor parte las paso en la oficina. Al final la vida, lo que se dice vida, se te reduce a los ratos de tarde que quedan entre trabajo y vuelta al trabajo. Supongo que por eso, el tiempo pasa tan rápido: porque mis días son de 5 horas. Creo que eso explica también cómo la gente puede pasarse 40 años trabajando, es como lo de los años de gato pero al revés: un año humano son 7 años de gato y 7 años de currante son un año de ser humano desocupado y feliz. Lo de trabajar también afecta nefastamente a los viajes: tienen que ser de viernes a domingo, no está permitido el error ni el "ya veremos como vuelvo".

Para romper la racha la semana pasada cogí la mitad de mis fantásticos 10 días de vacaciones para irme a Mongolia! Mi idea romántica inicial sobre este viaje era llegar a Ulaan Bataar, comprar un caballo y una silla y perderme por la estepa galopando. Tener ideas románticas es gratis, claro. Al darle una pasadilla de realismo e información al asunto uno se entera de que el país es tres veces más grande que España, asume que trotar a caballo no es un medio de transporte precisamente rápido, hace pupa en el culo y requiere entrenamiento. Si quería llegar más allá del Móstoles de Ulan Bataar iba a tener que reconsiderar el plan original.

Mi fuente de información sobre el país era Anna: la loca viajera que conocí en Kashgar hace dos años y que ahora está viviendo aquí. Ella me previno de algunos hechos y me pronosticó otros:

-"Por muy perdido que estés en medio de las praderas, en cuanto pares en algún sitio, va a salir gente de la nada y van a venir a verte e invitarte a té, a comer guarrerías y a dormir en su casa. Los mongoles son la leche de hospitalarios!!"

- "La lucha libre es el deporte nacional, entonces por ser grandote se van a querer pelear contigo todo el rato y como son unos animales te van a curtir, pero sin malicia."

- "Está bien tener tienda propia porque así te puedes escapar de las invitaciones cuando estés harto de hacer el paripé."

- "La comida mogola es un horror: sólo hay cordero, todo esta hervido y por no echar no le echan ni sal, llévate comida!"

Con esos precedentes, Unai, -mi compañero de viaje- y yo, nos equipamos convenientemente. Conseguimos equipo de acampada en condiciones y como los dos somos unos tragones sibaritas compramos comida como para 25 personas. Íbamos por el supermercado cargando el carro sin echar cuentas del número de comidas que teníamos que cubrir. Cada uno cogió lo que le pareció que le iba a apetecer en "ese momento cerveza al borde de un lago" o "esa cenita en medio de la estepa después de una día de caminata". Logística = cero pelotero. Resultado: una insageración de comida.

Cargados como burras de condumio, regalos para los hospitalarios mongoles, linternas, cazos, sartenes, sacos, esteras, tienda, hornillos y demás boyscoutadas cogimos nuestro avión que debía ser una especie de Yakolev mixto carga-pasajeros. Resulto ser un Boeing 737 nuevecito con unas azafatas que estaban como quesos. Primera sorpresa.

Como soy un güevón, a pesar de tener la guía de Mongolia desde hacía 2 meses, a esas alturas no había leído más que la introducción. Sabía vagamente que habría que alquilar un jeep con chofer e ir a algún lugar bonito. Punto. El vuelo me sirvió para ver Mongolia desde arriba y empaparme un poco más del librito. Unai, que no había dormido la víspera por irse de farras ni siquiera llegó a eso. Durante el aterrizaje nos dio tiempo a decidir a que albergucho de la escasa oferta disponible iríamos y, después de ser convenientemente timados por un taxista, llegamos al centro.

 

Hace unos años cuando fui a Praga llevaba la idea de ver una ciudad postsoviética con edificios grises y feos y coches Lada por la calle. Me lleve un chasco porque me encontré con una especie de eurodisney recién pintado. Ulan Bataar no me la esperaba de ninguna manera especial y me encontré una ciudad fea como un demonio, gris y cochambrosa, con un par de chimeneas de centrales térmicas en el centro y lo peor de la arquitectura comunista. Una joya!. Salvo los edificios oficiales de la plaza central, que eran mamotretos imponentes, el resto eran bloques cuadradotes, sucios y sin gracia con 30 o 40 años de descuido encima. Nuestra pensión estaba en uno de esos. Los dueños se habían ido haciendo con casi todos los pisos de la escalera y los alquilaban como habitaciones o dormitorios. Era como un bloque de pisos de estudiantes pero todos de paso. Curioso sitio. Esa tarde me propuse leer lo suficiente para poder decidir a dónde ir y poder encontrar un jeep y un chofer para salir de allí lo antes posible. Para cuando Unai amaneció de su siesta del borrego yo tenía la cosa medio clara y a él le parecía todo bien por falta de datos. Los arreglos los decidimos dejar para el día siguiente y nos fuimos de cañas por Ulaan Bataar.

La capital no debe ser la ciudad más sofisticada del mundo pero bares no le faltan. Después de la cena nos volvimos locos buscando garitos que estaban marcados en mi guía de hace 3 años pero que ya no existen. Lógico. Después de cruzar la ciudad un par de veces acabamos en lo único que encontramos. Debía ser la disco chic del momento porque hasta cobraban entrada en la puerta. Lo más cachondo del lugar era la música que tenía un desfase de 20 años con occidente. Bueno, me he pasado. La verdad es que ponían bodrios del pop internacional actual mezclado con bodrios de los 80 que seguían triunfando por estos lares: míticos temazos de CC Cath, Sabrina, Talking Heads y caspas varias. Eso, al igual que el hip hop mongol, aún tenía su gracia, pero el tecno ruso sí era insufrible. Después de un par de birras Chingis Khan y de echarnos unas risas viendo al personal local nos fuimos a camita.

El domingo no amanecimos precisamente temprano. Estrés! Todavía tenemos que encontrar transporte! Seguro que no salimos de UB hasta el martes! Error. Fuimos a hablar con la dueña de la pensión, que se había montado una agencia de viajes en paralelo, y después de 5 minutos teníamos, chofer, ruta y 4X4 ruso para salir a las 2 de la tarde. Nos quedó el tiempo justo para ir a la "state department store" y cargar con 10 kilos más de comida fresca. A las 2:30 estábamos saliendo.

Las afueras de UB son muy cachondas. La ciudad no crece con barrios de casas nuevas sino con barrios de gers. Las gers son las "tiendas de campaña" redondas donde viven los nómadas, yurtas en otros países. Cuando te sales del centro de cemento, la mayor parte de la ciudad son tiendas de campaña con su parcela, sus calles, sus coches...

 

 

No hace falta alejarse mucho para que desaparezca cualquier signo de civilización. A 30 km. sólo queda la estepa ondulada, la pseudocarretera y tu coche. Cada 10 km. más o menos se ve una ger o un grupo de gers y por todas partes vacas, cabras , caballos, ovejas... Fuera de la carretera no hay ningún límite, ni postes, ni rejas, ni nada, sólo hierba y ganado. Toda la tierra es del Estado y la puede usar quién quiera para instalarse encima. Encontrar un rodal dónde plantar la tienda no es ningún problema: puedes ponerla donde te salga de las pelotas! ¿Y no hay problemas de disputas por la tierra? Con un millón y medio de nómadas viviendo en un territorio como 3 Españas, hay sitio para todos, turistas incluidos.

La primera noche no podíamos llegar muy lejos o sea que nos quedamos en un parque nacional a unos 100 Km. de UB donde están intentando recuperar una especie de caballos salvajes que se había extinguido. No son caballos domésticos que se han vuelto silvestres, son los caballos que aparecen pintados en las cuevas de Altamira, una especie totalmente distinta, con 2 cromosomas más, un cabezón muy grande y rayas de cebra en las patas. Ese parque es uno de los pocos sitios del país donde no te dejan acampar. Después de dar una vuelta salimos monte a través con el 4X4 y cuando vimos una loma que nos gusto paramos, plantamos la tienda, sacamos el hornillo y allí mismo nos hicimos unas raciones de huevos fritos con bacon y unos tallarines.

Creo que fue en esa primera cena que el chofer se dio cuenta que habría sido preferible que nos hubiésemos encargado de su alimentación. Según nuestro "contrato", la gasolina, su comida y su alojamiento (el asiento de atrás) corrían de su cuenta. En la práctica acabó comiendo siempre con nosotros porque era un tío majete y competente y llevábamos comida para aburrir.

 

 

Bueno, allí estábamos, en medio de la estepa, dos tipos extraños, con una tienda extraña, cocinando cosas extrañas..... Deberíamos haber despertado la curiosidad de los nómadas, no!!? Según la teoría de Anna los mongoles tienen un sexto sentido para localizarte!! Deberían haber aparecido al olorcillo de la fritanga, pero no. Esa noche nadie vino a sentarse a nuestro fuego! Gran decepción!!!

El día siguiente fue una larga sucesión de paisaje de montañas redondeadas, vacas, gers, caballos, verde, águilas, camellos, buitres comiendo bichos muertos y más verde, ni un solo árbol y muchos muchos baches. A unos ciento y pico Km. de la capital las pseudo carreteras asfaltadas desaparecen para siempre jamás. En todo el resto del país sólo hay unas "pistas" que no llegan a la categoría de camino de cabras. De hecho en cuanto se acaba el asfalto deja de haber UN SOLO camino. La pista se abre en muchos carriles separados unos metros que van en la misma dirección cruzándose unos con otros. Es como una autovía de 14 carriles borrachos que zigzaguean y se mezclan. El chofer tiene que ir eligiendo el que tiene los baches menos grandes en cada momento. El 4X4 ruso era robusto y pesadote pero no tenia unas amortiguaciones muy finas. Al cabo de unas horas de pegar botes y bandazos tienes la cabeza como un bombo. Todavía no entiendo muy bien porque conducen por las pistas en vez de por el medio de la pradera que es mucho más lisa. Podría ser por no joder toda la hierba o más probablemente porque la pradera es un campo minado de madrigueras de marmota que podrían dejar clavado al jeep. Nunca lo sabré.

 

 

Por la tarde llegamos a Tserselej, una capital de una provincia montañosa relativamente cerca del lago al que queríamos llegar. Si llamar capital a Ulaan Bataar da risa, llamar a Tseselej ciudad es mucho peor. Es algo así como un pueblo del oeste con 3 calles y unos cuantos barrios aledaños de gers. Como era temprano decidimos irnos de cañas en Tserselej antes de ir a plantar la tienda. La mitad de los comercios de la ciudad eran bares o sea que no fue difícil encontrar donde meterse. De nuevo la banda sonora fue lo mejor: Samantha Fox, Bananarama y otros temazos de los 80!

Mientras me bebía mi Chingis Beer no podía evitar pensar que ese botellín, al igual que cualquier zapato, tela, bombilla o lo que sea que se consumiese en Tsetselej había tenido que pasarse dos días en un camión atravesando baches y boquetes. Impresionante logística mogola.

Ante la ausencia de oferta hotelera de la ciudad optamos por irnos al borde de un río cercano y acampamos en un bucólico rodalillo de hierba. Esa noche estábamos a tiro de piedra de dos grupos de gers. Alguien se tenía que acercar a cotillear!! Esa noche si!!

Justo cuando acabamos de plantar la tienda empezó a chispear. Tuvimos la cena pasada por agua. Debía ser obvio que nos estábamos mojando y ni con esas vino nadie a invitarnos a un té al abrigo. Me estaba empezando a mosquear. ¿Nos tendríamos que meter por el culo los regalillos que habíamos traído?

Al día siguiente vimos los primero árboles. A partir de Tsertselej el paisaje se vuelve más alpino. A media tarde nos encontramos con un río de lava (sólida), así, como el que se encuentra con un charco! Era el principio del parque natural en el que estaba el lago que era, de alguna manera, nuestro destino. Por supuesto hubo que subir al volcán y teniendo coche… ¿para qué andar? El chofer, que no temía nada, nos dejó casi arriba. Yo era la primera vez que veía un cráter de verdad y en éste no había ni carteles de peligro, ni rejas ni nada. Muy bestia. Unai se metió en el centro del cono y de pocas si puede volver a salir. Desde arriba se veía el lago inmenso donde íbamos a dormir. Estaba rodeado de picos con árboles y praderas con gers. Para cargarse el encanto del lugar también había un horrible ger-camp (especie de hotel para turistas que en vez de habitaciones tiene gers) que por lo menos nos sirvió para tomar las cañas esa tarde. Después del volcán fuimos bordeando el lago con el jeep hasta que nos encontramos un rinconcito de orilla con playa mitad de arena y mitad de hierba. Es la primera vez que veo una playa donde puedes andar sobre una alfombra de césped antes de entrar en el agua!! El problema era que estaba muy nublado y corría un viento frío del demonio. Cuando estábamos a punto de plantar empezó la tormenta del día y tuvimos que cambiar de planes. Afortunadamente para nosotros, el chofer conocía una familia nómada que tenía un par de gers libres para albergar turistas y sacarse un dinerillo (2 euros por noche!!). Al final acabamos en una ger nómada, pero no fue por cortesía mongola sino por necesidades del guión. La verdad es que nos vino de perlas porque después de dos días de estrecheces en una mini tienda, por fin pudimos desparramar los trastos, dormir en cama, cocinar en una estufa decente y comer en una mesa.

 

 

Una ger normal debe tener unos 6 metros de diámetro y es mucho más alta que yo. En el medio hay una estufa con una chimenea que sale por un agujero en el techo. Está hecha de felpa de dos dedos de gorda o sea que no pasa ni viento ni frió ni, na de na. Hermética! Hay una puerta de madera hacia el sur y un armario al norte y como ésta era para turistas, tenía 4 camas a los lados (lo normal son 2 y más armarios). Después de un rato casi nos alegramos de que hubiese llovido! Al abrir teníamos la vista de las dos gers de la familia, con el abuelo en cuclillas a la puerta fumándose un pitillo cochino liado con papel de periódico, un crío mocoso corriendo entre la leña y detrás el lago a 20 metros. Sólo le faltaba una ducha para poder quitarnos los tres días de mugre que llevábamos encima.

Esa noche, por supuesto, no nos invitó ningún mongol y al final nos tocó hacer de anfitriones. Por allí cerca andaban acampadas un par de suizas (de 50 tacos, no os hagáis ilusiones) con su guía mongola que se pasó a cotillear. Primera muestra de hospitalidad mongola pero a la inversa. Debe ser muy normal ir a casa de los vecinos porque la tía andaba como Pedro por su casa, no se cortó un pelo y no le hizo feos a nada de lo que pasamos! ¡La pobre no sabía donde se metía! Hablaba muy bien inglés y nosotros llevábamos tres días sin poderle preguntar a nadie las mil cosas raras que veíamos, o sea que le cayó un chaparrón de preguntas. Al rato se fueron sumando otros chóferes y personas que no se sabía muy bien quiénes eran y con las mismas se fueron yendo hasta que al final nos dejaron dormir.

Esa noche una de las suizas, que llevaba 9 meses de maestra en Mongolia, nos contó que había visto llover una vez. Nosotros llevábamos 4 días y 3 con lluvia. La mañana siguiente siguió la racha. Ese era el día en que en teoría debíamos pasarnos tirados en la playa tomando el sol o haciendo una excursión por el lago. Como no estábamos dispuestos a quedarnos en casa nos pusimos el impermeable y salimos a andar. Cuando llevábamos cruzados dos valles bajo la lluvia decidimos que ya valía de heroicidades, nos retiramos a la ger y nada más llegar salió el sol! Aprovechando el claro decidí calzarme el fardenpaken y darme un baño quita-costras. Casi palmo. Después de dos días de lluvia y viento el lago de montaña estaba helado! No sé si la mugre me la quité, pero, desde luego, los mongoles que pasaban con su caballo vestidos con un chaquetón de cuerpo entero pudieron comprobar que, como sospechaban, los extranjeros son gilipollas profundos.

(Fin de la primera parte).

 

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