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Myanmar ¡Mingalaba!

Por Alfredo García

Me he levantado a las 5 de la mañana y todo estaba cubierto de una espesa bruma, incluso mis ojos. La verdad es que tenía un poco de “miedito” de este viaje en autobús. Pero los aviones que hacen este recorrido están llenos, todas las plazas han sido bloqueadas por los pocos tour operadores que empiezan a operar en el país y no me ha quedado otro remedio que elegir este medio de transporte.

El autobús partió hace siete horas de Bagan y todavía no ha recorrido ni la mitad de la distancia que le queda para llegar a Shwenyaung, en la ribera del lago Inlay. Va lleno hasta los topes. Hay turistas chinos, familias con niños, jóvenes amontonados en el techo y una fila de profesoras en falda verde sentadas en sillas de plástico en el pasillo del centro.

Los tres ayudantes del conductor van colgando de la puerta delantera. Burma es sin duda un país diferente, un ejemplo es que aquí los coches tienen el volante a la derecha -como en Inglaterra- pero conducen también por la derecha como hacemos en España. Es por eso que los tres jóvenes ayudantes asoman sus cabezas por la puerta para avistar todo aquello que el conductor no puede ver, sin su ayuda cada adelantamiento seria una incógnita.

Pero ahora el autobús se ha detenido en medio de la carretera y ha decidido no moverse más y todos andan debajo de él metiéndole mano. El único occidental que se ha aventurado a meterse en este autobús está sentado delante de mí. Es un tipo italiano corpulento, lleva un pañuelo en la cabeza, ahora se ha girado buscándome con los ojos y con total naturalidad me ha soltado "il tubiccino, s'ai sparcatto il tubiccino dil freno!". Efectivamente el autobús no frena. Tras un par de horas bajo el sol una motocicleta nos ha traído un "tubiccino" nuevo. Son muy eficientes teniendo en cuenta que vamos en un autobús chino desvencijado de marca Heno que tiene más de 30 años y que ellos no tienen ni móviles, ni teléfonos, ni asistencia en carretera ni nada que se le parezca.

Dejo atrás Bagan, sin duda uno de los paisajes mas impresionantes del mundo, con mas de 2.000 templos, pagodas y estupas levantados en una inmensa llanura entre el siglo XI y el XVI aunque también hay algunos construidos posteriormente. Toda una huella del pasado fervor budista de los reyes y la población burmesa. Su identidad Budista no ha cambiado mucho en estos últimos siglos. Y todavía supone para el visitante un viaje a otro tiempo el ver a los Monjes Budistas vestidos con sus túnicas rojo burdeos, y es todo un disfrute para el intelecto el conversar con ellos y darse cuenta de lo satisfechos que están con su aparentemente sacrificada y monótona vida de ayuno, oración, estudio, meditación, abstinencia, etc. Viven de espaldas a muchos de los placeres occidentales, la música, el cine, Internet, la buena comida, las relaciones personales y la familia están censuradas para estos monjes. Sin todas estas cosas yo me pregunto ¿de dónde carajo sacaran esas sonrisas de satisfacción?

El viaje en Burma empezó en la capital, Yangon; a la que, después de 15 horas de autobús, siguió Mandalay y descendiendo el río Ayeyarwady vino Bagan. Ahora este cacharro de autobús debe llevarme al Lago Inlay. Donde el agua se junta literalmente con el cielo y los pescadores Inthas impulsan sus inestables barcas con unas largas varas de bambú que manejan con sus piernas. Las poblaciones se han asentado en las numerosas islas de vegetación que pueblan las orillas del lago, allí se dedican a la pesca, a la confección de preciadas prendas con hilo de loto y, curiosamente, a la producción de tabaco.

Antes de llegar a Yangun tengo pensado hacer una última parada en Bago, que posee algunos de los monasterios mas grandes de Myanmar y -seguramente- acoge la mayor población de monjes budistas de todo el país. A las 6 de la mañana los novicios se levantan, se envuelven en sus túnicas ocres y recorren descalzos, entre la bruma, las calles de la ciudad donde les esperan los devotos burmeses que llenan los cuencos de los monjes con arroz, frutos secos, vegetales o cualquier cosa que puedan necesitar en los monasterios.

De nuevo en este viaje por el Sudeste Asiático me llevaré en la memoria sus paisajes, sus tradiciones, sus colores y sus olores. Pero no hay en Burma atractivo alguno como las sonrisas que los Burmeses te regalan. Os prometo que no he saludado en mi vida a tanta gente como en este viaje. Mingalaba!, Mingalaba! acompañado con una amplia sonrisa supone un ritual de saludo casi obligatorio con todos los ojos que se cruzan con los tuyos.

Ancianos, mujeres, campesinos, niños en bicicleta, estudiantes que salen del colegio, monjes, familias que pasean al atardecer, trabajadores que vuelven a casa después de un intenso día en el campo, todos clavan su mirada calma en tus ojos exclamando Mingalaba! Esperando a que les respondas para sonreírte limpiamente y seguir su camino. Ojos y caras a menudo iluminados por el Thanakha, el maquillaje tradicional de un tono blanco intenso con el que mujeres y niños adornan su cara. En sus oscuras pieles resalta muchísimo dándoles en ocasiones un aire tribal, en otras incluso un aspecto casi cómico. Compuesto básicamente del polvo de la raíz del árbol Thanakha, las mujeres se lo extienden cada mañana en su piel al igual que lo hicieran sus madres y las madres de sus madres desde hace quien sabe cuantos años.

El italiano está dando golpes en la ventana y me acaba de traer de vuelta de los pensamientos en los que andaba embelesado. Tiene las manos llenas de grasa, se ríe y levantando el pulgar me asegura que ya esta todo arreglado. Inmediatamente el suelo empieza a vibrar bajo mis pies, el motor del autobús vuelve a estar en marcha. Es hora de retomar la carretera, el Lago Inlay, los pescadores Inthas, los niños que caminan al borde del camino, las mujeres maquilladas de thanakha, los monjes, las sonrisas todo eso nos está esperando al final de esta carretera.

Con la belleza de este país y la serenidad de sus habitantes cuesta mucho creer que están todavía bajo el yugo de una dictadura. Un gobierno militar que mantiene los privilegios de unos pocos y que tiene bajo arresto domiciliario de forma interrumpida -pero desde hace ya más de 15 años-, a Aung San Suu Kyi, líder del NLD (Liga Nacional para la Democracia, principal partido de la posición) y ganadora del premio Nóbel de la Paz. Y todo ello ante la pasividad de la comunidad internacional, que hace oídos sordos a los informes y noticias de violación de los Derechos Humanos, abuso de poder, corrupción, etc.

A los viajeros que decidáis conocer este hermoso país. Sólo un consejo, hacerlo de forma independiente y nunca de la mano de tour-operadores o viajes organizados, ya que está documentado que este tipo de grandes empresas tienen fuertes vínculos económicos con la junta militar Birmana. Por ello es un acto de responsabilidad el elegir alojamientos y restaurantes de gestión familiar y compañías de transporte independientes para hacer vuestros desplazamientos. Este pequeño esfuerzo de elección, acompañado de una actitud cercana a la gente más humilde del país, serán la única manera de convertir vuestra visita en algo positivo para la población Burmesa.

Web del autor: www.slowtrips.org



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