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Camboya, cruzando el país de la eterna sonrisa
(segunda parte)

Albeiro Rodas

Fotos: Norberto Cuenca y Yulth Ferney Oyola

 

 

Como capital, Phnom Penh se presenta como una ciudad preparada para recibir a cualquier visitante. Extranjeros de todas partes se encuentran en la ciudad del Mekong, muchos como voluntarios o trabajadores de organizaciones internacionales, como observadores, como negociantes o como turistas. Según los informes del Ministerio de Turismo, Camboya recibió durante el 2005 cerca de dos millones de extranjeros, especialmente de Corea del Sur, Japón, China, Vietnam, Tailandia y Estados Unidos. Los principales centros visitados fueron Phnom Penh, Siem Riep (Angkor Wat), Sihanoukville y Ratanakirik.

Además de restaurantes, hoteles y cualquier otra cosa que se puede encontrar en cualquier otra parte del mundo, Phnom Penh es una ciudad para descubrir con otra mirada. Antes de la guerra estaba considerada una de las más hermosas del Lejano Oriente y, seguramente, está llamada a volver a serlo. El plano urbanístico es una verdadera obra de arte con avenidas circunvalares, calles perfectamente bien trazadas que juegan con la confluencia de los dos ríos: el Mekong y el Tonle Sap, llamado en Phnom Penh “Río Basac”. El plano de la ciudad, promovido después de la independencia, inspiró el trazado urbano de Singapur.

 

Leyenda e historia

En 1372 la abuela Penh caminaba a orillas del río Sap cuando vio algo que flotaba en las aguas. Ella lo recogió y descubrió que se trataba de cuatro estatuas en bronce  y una en piedra de Buda. Como signo de respeto, puso las seis estatuas en un altar que ella misma hizo en una colina cercana a su casa, la cual recibió con el tiempo el nombre de Colina de Penh (Phnom Penh).

En 1432 el último rey de Angkor, Ponhea Yat, ubicó la corte en el lugar, lo que le dio una importancia aún mayor a la colina en donde se fundaron varias pagodas, una de las cuales aún permanece, la Pagoda de la Colina (Wat Phnom). En 1505 la corte abandona Phnom Penh y se ubica en Lovek, pero el sitio, ubicado estratégicamente en la confluencia de los dos grandes ríos, fue visitado por navegantes extranjeros (chinos, japoneses, indios, portugueses, españoles y holandeses), lo que lo convirtió en un puerto de primer orden. Después de la invasión vietnamita al sur de Camboya (Kampuchea Krom, región que el país perdería definitivamente), el puerto fluvial quedaría separado del Mar de la China y le causaría una notable decadencia. En 1812 el rey Chan movió la corte a Phnom Penh, pero la corte tuvo que regresar a Udom varias veces hasta que con la ayuda de los franceses Phnom Penh sería la sede real de manera definitiva a partir del reinado de Norodom en 1863. Los mismos franceses adelantaron el desarrollo de Saigón, en el Delta del Mekong, más cerca al Mar de la China y ello haría que Phnom Penh perdiese su liderazgo definitivo como puerto clave en la vía comercial de la región.

En 1975 la ciudad cae en manos de los jemeres rojos, los cuales fundaron la Kampuchea Democrática, un estado maoísta que duraría hasta 1979. Entre sus políticas contaba la imposición de una revolución radical en la cual las ciudades no contaban. Phnom Penh, que al final de la Guerra de Indochina en ese año tenía dos millones de habitantes (la mayoría refugiados) fue evacuada en su totalidad. Phnom Penh quedó completamente solitaria por los siguientes cuatro años y el único edificio con permanente actividad fue el antiguo y prestigioso colegio  Tuol Svay Prey, convertido en el centro secreto de interrogatorios y tortura del régimen de los jemeres rojos bajo el código S-21. En la actualidad es el Museo del Genocidio Tuol Sleng, en donde se conservan las principales pruebas que inculpan a los jemeres rojos como crímenes contra la humanidad.

 

Turismo macabro

Aunque parezca macabro, Camboya convirtió los rastros de la guerra y la pesadilla del sangriento régimen de los jemeres rojos en turismo. El Museo Tuol Sleng, los Campos de Exterminio, la tumba de Pol Pot, la casa de Ta Mok, las casas en ruina de Kep y otros sitios similares se encuentran en la ruta del turismo en Camboya. El hecho es criticado por muchos que lo ven como la comercialización del dolor humano, así sea de hechos pasados, pero para otros, especialmente activistas de los derechos humanos, es una manera de dar a conocer al mundo la realidad de un hecho que en muchas ocasiones ha sido negado de manera intelectual. Uno de los casos que ilustra la discusión lo constituye el mapa de cráneos de Camboya exhibido en el Museo Tuol Sleng. El mapa fue hecho por el Cetro de Documentación de Camboya - CD-Cam (una institución semi-oficial que se dedica a la recopilación de las pruebas del genocidio cometido por los jemeres rojos), como una parodia de lo que el régimen de Pol Pot llevó a cabo en el país. Algunas personalidades, entre ellas el ex rey Norodom Sihanouk, pidieron que los cráneos debían ser cremados como correspondía a la religiosidad budista para que los espíritus de los difuntos pudieran reencarnarse. Los defensores de los derechos humanos, en cambio, argüían que los cráneos eran una evidencia para ser presentada en el Tribunal Internacional en contra de los líderes de los jemeres rojos. La solución se dio en hacer una copia del mapa, que es la que en la actualidad se exhibe y conservar en un lugar más privado los cráneos que, serían cremados tan pronto termine el juicio a los criminales implicados.  

 

Turismo real

 

Menos macabro es en cambio conocer todo lo relacionado con la monarquía camboyana, descendiente de las dinastías del Imperio de Angkor cuyo esplendor se ubica entre los siglos VIII y XIII. Durante el siglo XIX dos hermanos que llegarían a ser reyes, Norodom y Sisowath, fundarían sus propias dinastías, las cuales entrarían en disputas durante todo el siglo XX. Después de la independencia, se instituyó el Consejo Real que, tras la muerte o abdicación del rey, debe elegir a un príncipe que sea descendiente directo de la dinastía Norodom o de la dinastía Sisowath. El padre del rey Norodom Sihanouk era un Norodom y su madre una Sisowath. Los franceses, preocupados de tener siempre a los reyes bajo su régimen colonial sometidos a su influencia para utilizarlos como títeres de sus políticas, construyeron en Phnom Penh un suntuoso Palacio, en lugar del palacio más modesto construido por el rey Norodom en 1866. Se trata de un inmenso complejo en el cual resalta el color amarillo que es considerado el color real en el país. Existen numerosas puertas, cada una con un uso particular como la puerta de personalidades de estado, que es la principal, antecedida por un inmenso retrato del rey; la puerta de los turistas y la puerta de los muertos por donde sale el féretro del rey difunto. En el interior existen numerosos sitios para conocer como el Pabellón Chan Chhaya, que en tiempos anteriores era centro de las tradicionales representaciones de la danza clásica jemer. Uno de los lugares más importantes del Palacio es sin duda la Pagoda de Plata y el nombre no es gratuito: el piso y gran parte de los decorados son de plata (cinco mil baldosas de dicho material), protegidos por un inmenso tapiz. En el centro es venerado el Buda de Esmeralda, una bella estatua hecha en cristal y que se sienta en frente del Buda de Oro, con 9.584 diamantes incrustados. Otros numerosos tesoros relacionados con el budismo camboyano se encuentran conservados dentro de esta especial pagoda real, como una reliquia de Buda traída desde Sri Lanka en fecha desconocida. El Palacio contiene bellas pinturas de arte que representan las epopeyas hindú y los reyes camboyanos, así como una gran maqueta de Angkor Wat.

 

Museo Nacional

Cerca del Palacio se encuentra el Museo Nacional que conserva numerosos tesoros de la historia camboyana, no menos preciosos que los más importantes museos del mundo. Artefactos prehistóricos, de la época de la indianización camboyana, pre-angkorianos, del esplendor de Angkor Wat y posterior. El Museo representa el máximo esfuerzo por la conservación de la cultura jemer. En 1975, con la evacuación de Phnom Penh, este fue abandonado y su director asesinado. El Museo fue construido en 1918 por George Groslier, un arqueólogo francés que hizo el diseño con todo el estilo camboyano.

 

La ciudad para ver

Pero esas rutas obligadas del turismo no son lo único que Phnom Penh ofrece. Una ciudad que despierta al presente después del letargo y la amargura de la guerra. Entre sus calles, a veces desordenadas por el tráfico y los vendedores que van y vienen, Phnom Penh cuenta historias silenciosas que no necesitan traducción, como edificios franceses semi-abandonados en poder de arrendatarios que los compraron por unos pocos dólares hace algunos años, o de hoteles de mala muerte. Los callejones que se adentran en cúmulos de edificios atestados de gente, los mercados populares en donde se encuentra de todo, en donde todo está tirado por tierra, en donde higiene y orden no forman parte del entorno.

La sobrepoblación de moto-taxistas que están siempre al acecho de algún cliente para llevar al otro lado de la ciudad siguiendo la ruta propia de su propio código de tránsito, los extranjeros con sus cámaras inmensas, vestidos de pantalones cortos y fotografiándolo todo con una cierta diversión, mientras todos los camboyanos pasan frente a sus cámaras con más diversión aún. Una ciudad en donde las cosas ya no producen sorpresa, como aquel bar irlandés cuya fachada en una esquina tiene nostalgia de Dublín, aquellos coreanos que caminan siempre tan juntos, como si temieran perderse y que se detienen todos al mismo tiempo para ver lo mismo y reinician su marcha todos a la vez, o aquel alemán de barba bíblica que recorre la ciudad en una moto inmensa, o aquellos muchachos camboyanos recién venidos del campo que se enamoraron de la ciudad y que no piensan regresar a su campo, porque nada es mejor que Phnom Pen en este mundo, porque para ellos es lo mejor, lo más hermoso que le pudo pasar al Mekong en su largo recorrido desde el Everest al Mar de la China. Por algo la abuela Penh quiso morir aquí, por algo los reyes dejaron a Angkor, por algo todos volvieron después de la guerra, porque Phnom Penh es la ciudad en donde la vida comienza.

Próxima entrega:  Sihanoukville y el sur

Albeiro Rodas: www.pasaportecolombiano.blogspot.com

Norberto Cuenca www.norbertocuenca.com

 

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fronterasdepapel@gmail.com