inicio
sumario
viajes
galeria
miradas
flash-news
info práctica
diarios de viaje
links

Ámsterdam, El Día de la Reina en el Jordaan
dónde dormir

Grand Hotel Amrath Ámsterdam
Arte, historia y lujo

A principios del siglo XX los principales armadores holandeses quisieron construir un edificio acorde con la importancia de sus negocios, y que al mismo tiempo simbolizase la relación de éstos con el mar. Las oficinas debían estar situadas junto al puerto y ser un emblema del poderío naval y económico de Holanda, así como un símbolo de la modernidad con la que el país se enfrentaba al recién estrenado siglo. Los encargados de asumir el ambicioso proyecto fueron los arquitectos Van der Mey y Van Gendt, que realizaron un proyecto absolutamente novedoso que encajaba a la perfección con las más vanguardistas corrientes de la arquitectura mundial. El Art Decó, el Art Nouveau, el Modern Style, el Jugendstil o el Modernismo –un mismo estilo artístico bautizado con diferentes nombres, según el país que lo adoptaba y se dejaba seducir por él- estaba en plena pujanza por toda Europa. Gaudí enloquecía a propios y extraños con la edificación de suntuosos palacetes y edificios en Barcelona. París, Oslo o Nueva York también competían en esta línea, mientras en Holanda la Escuela de Ámsterdam iniciaba los primeros escarceos que la llevarían a ser un estandarte de identidad dentro de la vanguardia arquitectónica que entusiasmaba o enfriaba -a partes iguales-, a las ciudadanías de las capitales mundiales.

Entre 1913 y 1928, Van der Mey y Van Gendt, completaron la construcción del que sería uno de los edificios más emblemáticos de la capital holandesa, el Scheepvaarthuis. Inspirados en el romanticismo por el mar y la pasión que los holandeses han tenido a lo largo de su historia por la navegación, edificaron un inmueble que quería ser, desde su base, una remembranza con el medio marino. Así el Scheepvaarthuis se erigiría teniendo forma de barco, aunque como ocurre con la mayor parte de la obra modernista a lo largo del mundo, esta simbología sólo podía ser apreciada a vista de pájaro. Este y otros elementos decorativos conformarían un juego casi secreto de símbolos para iniciados. Cristaleras coloristas, lámparas, marquetería, claraboyas de cristal plomado, pasamanos y escaleras se convirtieron en románticos susurros marinos. Los pasillos o los distribuidores tendrían el aire laberíntico de los barcos de vapor de la época. Los techos -de inusual altura- y los ventanales jugaban con la misma idea de los grandes espacios abiertos. El océano estaba presente en cada detalle y también en el paisaje abierto que se divisaba desde las torres que culminan esta genial obra. El Scheepvaarthuis, no exento de polémica entre detractores y admiradores, se abría al mar y al mismo tiempo lo contenía.

Hoy, 80 años después de su construcción, el Scheepvaarthuis está considerado una obra de arte en su totalidad, no tan sólo por la belleza de su construcción sino también por la riqueza de sus acabados decorativos, ahora realzados por la impresionante reforma a que ha sido sometido para transformarlo en un lujoso hotel de cinco estrellas. La metamorfosis del Scheepvaarthuis en un hotel de lujo han convertido a este singular edificio en un nuevo símbolo arquitectónico de la capital holandesa, y en un referente dentro de la industria de la hostelería.

El Grand Hotel Amrâth Ámsterdam -que cuenta con 155 espaciosas habitaciones y 10 lujosas suites, una de ellas de 250 m²- abrió sus puertas el 2008, después de una exhaustiva reforma que dotó al hotel con los estándares de comodidad del siglo XXI, aprovechando al máximo la naturaleza de este edificio único por su personalidad e historia. La atmósfera histórica y romántica ha sido especialmente preservada a pesar de la profunda remodelación a la que se le ha sometido. Al cruzar el umbral de entrada ya se siente que se está penetrando en una parte básica de la historia de Holanda y el huésped debe predisponerse para enfrentarse con un concepto inusual en la hostelería que aúna arte, lujo y comodidad. La recepción está discretamente ubicada en el hall de entrada junto a una monumental escalera y bajo un techo de cristal policromo, obra de W. Bogtman, que nos conduce hasta las espaciosas habitaciones de altos techos y grandes ventanales, que inundan de luz las estancias, que tienen unas magníficas vistas sobre la ciudad. Los cuartos exudan la atmósfera de la escuela de Ámsterdam, la interpretación holandesa del estilo internacional del Art Nouveau de principios del siglo pasado, que hacen que el huésped se sienta transportado hacia los románticos tiempos de la navegación a vela, pero sin dejar de disfrutar por ello de todas las comodidades del siglo XXI. Gracias a la monumentalidad y la personalidad del edificio cada estancia es diferente. Las habitaciones de lujo van desde los 24 a los 53 m² y la mayoría de ellas tienen una altura de techo de 4 metros.

En la reforma se tuvo especial cuidado en preservar la atmósfera de este singular edificio modernista de altos techos y grandes ventanales, repleto de detalles ornamentales como molduras de maderas preciosas, grandes vidrieras plomadas, cristaleras policromas o lámparas de hierro fundido. Los responsables de la remodelación han sabido mantener el espíritu de la obra original hasta el punto de reutilizar la antigua cámara acorazada para ubicar en su interior una vinacoteca, que hoy atesora en su interior una significativa muestra de los mejores vinos de todo el mundo.

Los directores de las antiguas compañías navieras tenían sus oficinas en los pisos superiores del edificio, cuyos suntuosos salones se han remodelado para convertirlos en tres espaciosas habitaciones que pueden ser interconectadas para hacer de ellas una formidable suite de 250 m², en las que parece que los murmullos de quienes dirigieron las grandes compañías navieras holandesas aún perduran en el espacio. Maderas preciosas y muebles que podrían estar perfectamente en un museo conviven perfectamente en un confortable espacio al que no le falta ninguno de los detalles propios del siglo XXI: jacuzzi, televisor de plasma o conexión inalámbrica a internet conviven con inusitada armonía en el ambiente romántico de tiempos pasados.

La importancia que tuvo Oriente para la industria naval holandesa ha quedado simbolizada con la exótica y espaciosa Suite Oriental, en la que los huéspedes pueden dejar volar la imaginación hacia los cuentos de las mil y una noches, y en la que casi cabría esperar que el servicio de habitaciones llegase flotando sobre una alfombra voladora hasta la terraza privada -decorada con delicadas telas y almohadones-, mientras se disfruta de una espléndida vista de los canales de Ámsterdam y del puerto antiguo de la ciudad, el mismo desde el que partían los barcos propiedad de los armadores que tenían en estos mismos espacios sus oficinas centrales.

Que este es un edificio diferente en todos los sentidos es público y notorio, pero tal vez una de las cosas que más sorprende cuando se disfruta de las instalaciones del Grand Hotel Amrath es que la merecida mala fama de la gastronomía holandesa (algunos gastrónomos holandeses afirman que la gastronomía holandesa, simplemente no existe) deja de ser una realidad. La prueba tangible está en el Restaurante Seven Seas, que en poco tiempo se ha configurado como un referente gastronómico de la capital holandesa, con una carta de inspiración mediterránea que no deja a nadie indiferente. Otro tanto ocurre con la impresionante carta de vinos que pueden degustarse en la vinacoteca, instalada en el interior de la que en tiempos fue la cámara acorazada de los armadores. En este espacio es imposible no dejar de imaginar, mientras se saborea una copa de vino, qué tesoros se custodiaron en esta peculiar estancia que hoy en día guarda una extensa y representativa muestra de los mejores vinos del mundo, listos para ser saboreados en un ambiente único.

Los sótanos del Grand Hotel Amrath Ámsterdam esconden otro de los tesoros del edificio: el moderno SPA, que cuenta con todos los elementos imprescindibles para que pueda ser considerado uno de los mejores de Holanda. Un oasis de paz, lujo y belleza en un total de 250 m², en los que se ubican tres saunas, un baño turco, una piscina climatizada de 9x5 metros, así como salas de masaje y tratamientos de belleza. Sin olvidar el gym de entrenamiento, con lo último en aparatos de gimnasia y con expertos monitores que facilitan planes de entrenamiento personal. Las cabinas de masajes, dirigidas por experimentados masajistas internacionales se han cuidado de una forma muy especial, tanto en la especialidad de los tratamientos que en ellos pueden realizarse como en la línea personal de productos de belleza que se utilizan. Así en ellas es posible relajarse o cuidar de la salud con tratamientos faciales, masajes ayurvédicos, holísticos, de relajación y terapéuticos.

El Grand Hotel Amrath Ámsterdam es el buque insignia de la familia Amrâth Hôtels, que forma parte de la organización internacional WORLDHOTELS, un conglomerado que asocia a más de 500 hoteles de lujo distribuidos en los cinco continentes y que es, por la calidad de sus servicios e instalaciones, un referente internacional en el competitivo mundo de la hostelería.

Grand Hotel Amrath Ámsterdam

Prins Hendrikkade, 108
1011 - AK  Amsterdam

www.amrathamsterdam.com

www.worldhotels.com


volver al reportaje
www.fronterasdepapel.com
info@fronterasdepapel.com