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Castillos del Loira, el valle de los reyes
(última parte)
Reportaje de Joan Biosca y Mercè Criado

 

Amboise

El castillo de Amboise, que domina desde un promontorio el río Loira a su paso por la ciudad que le da nombre, cuenta con un currículo más que espectacular. Residencia de 4 reyes, Luís XI, Carlos VIII, Luís XII y Francisco I; panteón de Leonardo da Vinci, que está enterrado en la cercana capilla de Saint Hubert y lugar en el que halló la muerte, en un extraño accidente, Carlos VIII. Fue destruido varias veces por los normandos y vuelto a levantar una y otra vez. Su condición de fortaleza militar parece que le quedó impregnada en la argamasa que une las piedras, ya que también fue mudo testigo de la conjura que llevaría a Francia a las Guerras de Religión a mediados del siglo XVI. Fue, sin embargo, la relación de Francisco I con Leonardo da Vinci lo que le ha conferido un aire romántico gracias a la amistad que unió a estos dos grandes hombres del Renacimiento. Un pasadizo secreto comunicaba el château de Amboise con la cercana residencia de Leonardo en Clos Lucé. Afirman que éste era utilizado por Francisco I cuando quería entrevistarse con su protegido y amigo, lejos de miradas y oídos indiscretos.

 

 

Blois

Este ecléctico palacio renacentista, edificado en lo alto de una colina dominando la ciudad de Blois, esconde entre sus muros los secretos de algunos siniestros episodios de la historia de Francia. Enrique III, a finales del siglo XVI, convirtió el castillo medieval de los condes de Blois en sede de la corte francesa. Deambulando por el excesivo castillo, que inicialmente era una sobria construcción gótica, uno acaba mareado por las recargadas paredes, abrumado por los pesados cuadros y tapices y confundido por el terrorífico embaldosado. No es de extrañar que en ese ambiente tan agobiante se fraguasen intrigas y confabulaciones, y se ejecutasen asesinatos políticos, del estilo que hoy calificaríamos como Terrorismo de Estado. Fue entre estas paredes donde Enrique III conspiró, en 1588, para asesinar a dos de sus incómodos rivales políticos, el duque de Guisa y su hermano Luís, arzobispo de Reims. Catalina de Médicis fue también ejecutada en sus habitaciones, las mismas por las que hoy pasean extasiados los numerosos turistas que deambulan entre los aposentos de amantes, reyes y conspiradores con la sensación de que, en cualquier momento, un alma en pena surgirá del interior de un armario para amenizar la larga visita al castillo que fue, inexplicablemente, el predilecto de cuatro reyes de Francia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Chambord

Puede que se debiera a la seductora luz del sol poniente que lo bañaba cuando lo vi por primera vez; tal vez influyeron las hipnóticas sombras del parque natural de Boulogne que había que cruzar para acercarse a él; quizás ayudó la fugaz visión de un ciervo en la fronda, o el incomprensible uso que de él hizo su primer propietario, Francisco I. El caso es que mi encuentro con el  château de Chambord fue un amor a primera vista.

A la luz del anochecer, cuando poco a poco los focos empiezan a iluminar las facciones del castillo, y éste se refleja en las aguas del lago que lo acuna, el tiempo parece detenerse para invocar ecos intemporales, gritos de caza y retumbar de caballos lanzados al galope en los espesos bosques que abrazan al más singular de los castillos del Valle del Loira. Tan abstraído estaba con la escena y las sensaciones que ésta me provocaba, que ni siquiera el infame servicio del restaurante que medra en las cercanías del castillo logró alejarme de la magia de un atardecer único frente a un edificio sublime.

A la mañana siguiente, repuesto de la cena, pude disfrutar del interior del château de Chambord, que esconde en sus salas evocaciones de las diferentes épocas de la gloria del castillo y recuerdos de los ilustres personajes que marcaron su historia. El espíritu de muchos de ellos parece flotar en el ambiente del Château Royal más singular de Europa, gracias al peculiar estilo arquitectónico del Renacimiento francés, que mezcla formas tradicionales medievales con estructuras clásicas italianas. Chambord es el castillo más grande del Valle del Loira, a pesar de que fue construido para servir como pabellón de caza para el rey, que prefirió como residencia el Château de Blois y el Château de Amboise. Francisco I sólo pasó 72 días en este suntuoso pabellón de caza que necesitó 20 años y el empeño de 1.800 trabajadores para ser edificado.

 

Cheverny

Cheverny es uno de los castillos más famosos del Valle del Loira, algo inusitado como no sea a causa de una hábil operación de marketing orquestada por sus propietarios. El château tiene, para mí, demasiado aire de gateau. Asemeja en su exagerada perfección de líneas y simetrías un inmenso pastel de boda situado en mitad de un prado desmesurado. Miraba de reojo el último castillo que quería visitar en mi viaje y, mientras releía la guía, me abrumaba de datos de riquezas, de oropeles y faustos, de obras maestras colgadas de sus paredes y de muebles que sospechaba tenebrosamente recargados. De pronto todo en él se me antojó excesivo, y decidí que Cheverny debería esperar a otra ocasión.  Lo que afirmo puede que sea un sacrilegio para los amantes, que no son pocos, de este singular edificio, pero a mí, después de haber saboreado la sobriedad de Montsoreau, la magia de Ussé, las líneas puras de Villandry y el romanticismo de Chenonceau, me pareció que aquel castillo podía enturbiar el recuerdo de los días pasados inmerso en la historia y en el paisaje del Valle del Loira; un país para ser recorrido saltando de una orilla a la otra, resiguiendo el río que le ha dado fama, riqueza y personalidad. Una porción de Francia hecha para callejear sin rumbo por ciudades como Tours o Blois, donde al anochecer, en sus barrios medievales, casi pueden oírse los ecos de los cascos de los caballos retumbando en los callejones empedrados y es fácil, a la luz de las farolas, imaginar en las sombras cómo fueron los tiempos en que el Renacimiento francés alcanzó su apogeo.

 

Castillos del Loira, el valle de los reyes (primera parte)
Castillos del Loira, el valle de los reyes (segunda parte)


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